El goce de la aceptación
El trabajo me convocó a intervenir y agudizar mi propia percepción. Llevando la atención al cómo me encuentro en cada presente, comencé a saborear conscientemente, la manera en la cual conozco o comprendo, en este hoy, mi cuerpo, el ser, las influencias del entorno, los otros y los modos en que estas realidades se relacionan entre sí atravesándome.
Al poder ver lo ya manifiesto en mí, comienzo a tomar muchísima información, que si bien siempre estuvo allí, es a través de este trabajo que, pude encontrarme con las formas, tonos, tendencias, hábitos y posturas de mi cuerpo. Comenzaron a lloverme preguntas y correcciones internas como ¿Por qué comprimo mis ingles? ¿Por qué me duele más un lado que el otro? Así no es como debo estar parada, ¿Por qué mis extremidades siempre están frías? no retener acá ni allá, etc., etc.
Luego de permitirlas por fin, hacer eco en mi, elegí hacerme cargo y adentrarme en la observación que, más tarde me abriría al reconocimiento y aceptación de mis cualidades definiendo luego qué de mi postura es herencia, genética, qué es manifiesto por mi acción individual o social entre otras cosas.
Nota de mi cuaderno: ejercicio: mantenerme parada en quietud por mucho tiempo dejando que se exprese la propia postura.
Ojos cerrados.
“Observar qué y cómo lo siento, una y otra vez. la cabeza por delante de los hombros, los hombros hacia el pecho. Me encorvo. Tensión en la boca del estomago y panza hasta llegar al dolor. Los isquiones apuntando en diagonal hacia abajo. Sentir que desde las rodillas caigo hasta los maléolos y arcos venciéndose en la tierra… Esta práctica provocó angustia en mí, durante el resto de la semana me encontré una y otra vez en aquella postura que no sólo no era buena para el cuerpo, si no también me hacía sentir fea y fastidiada.
Al compartirle esto con Roxana, ella me habló de la importancia que le estaba dando a mi ideal de postura sosteniéndolo tanto hasta el punto de negar o no darle el lugar e importancia a lo que hoy soy. Este hoy es una posibilidad de mí y debe ser recibido por sobre todo ya que es mi potencial.” Entonces me embarqué también, en un camino respetuoso y compasivo para con mi cuerpo.
Entendiendo que trabajando con la materia voy repercutiendo directamente en mi modo de vida (pensamientos sentimientos acciones).
Pudiendo ver que lo manifiesto en mi fisicalidad, es el reflejo de mi modo de ser, mi personalidad, la manera en que entiendo la vida, el mundo. Las preguntas se van transformando, ¿Cuál es la lógica de mi realidad actual? ¿Cómo me paro ante la vida? ¿Cómo puedo colaborar con lo que ya está hecho carne en mí? …Y surgen también conclusiones como es que, mi característica introvertida se palpa en mi postura encorvada, en mi tono muscular retraído. Tengo que dejar pesar hacia la tierra usando la gravedad como sostén curvo en lugar de retener, etc.….
A través de los ejercicios de alineación acondicionamiento y danza me encuentro siendo la gota que orada la piedra. La propuesta nos brinda tanto las herramientas como el espacio y tiempo necesarios para ahondarnos en la atención y escucha del propio instrumento. Conscientes de la materialización del movimiento en uno, las alertas o comunicaciones en el cuerpo, enfatizando en los circuitos físicos, respiratorios y energéticos es que, ampliamos en comunidad e individualmente la percepción de una manera sanadora e infinita ya que muta a cada instante.
Este es un trabajo global y sin aristas donde puedo desarrollar la inteligencia física para utilizar mi cuerpo de manera saludablemente organizada, segura y disponible en la interacción con el adentro y afuera (vida); y a la hora de danzar, poder manifestarme cada vez más completa y genuina.
Galand, Roxana. (2015). Huellas de otras danzas (testimonios de alumnos). En Naturaleza de la fuerza en el cuerpo y la danza




